Una de las cosas más interesantes de leer los primeros volúmenes de Todo Snoopy en orden es comprobar cómo los personajes evolucionan prácticamente delante de nuestros ojos. Si en los tomos anteriores veíamos a una pandilla que todavía estaba definiendo su personalidad, las tiras de 1953 muestran a unos protagonistas mucho más reconocibles y cercanos a las versiones que acabarían convirtiéndose en iconos del cómic.
La gran protagonista de esta evolución es Lucy. Durante los primeros años de Peanuts, el personaje se comportaba de una forma mucho más infantil, pero en estas historias comienza a expresarse con mayor claridad, muestra interés por la lectura y desarrolla una personalidad mucho más marcada. Charles M. Schulz utiliza pequeños detalles para transmitir que los personajes están creciendo, y el hecho de que Lucy ya lea libros sirve para sugerir que ha alcanzado una edad algo mayor, probablemente alrededor de los seis años.
Este crecimiento también se aprecia en otros miembros de la pandilla. Aunque Peanuts siempre ha mantenido una especie de tiempo suspendido en el que los personajes nunca llegan a hacerse adultos, en estas primeras etapas sí resulta evidente que Schulz estaba explorando cómo evolucionaban sus protagonistas. Eso aporta un valor añadido a la lectura de estas recopilaciones, ya que permiten observar cambios que con el paso de los años acabarían desapareciendo.
Otro de los aspectos curiosos de este volumen es la aparición de un pequeño pájaro que muchos lectores identificarán inmediatamente como una especie de Woodstock primigenio. Todavía está muy lejos del inseparable compañero de Snoopy que todos conocemos hoy en día. Su aspecto recuerda más al de un gorrión común y su papel dentro de las tiras es mucho más discreto, pero resulta fascinante ver cómo algunas de las futuras ideas de Schulz comenzaban a tomar forma.

En el apartado gráfico, la serie sigue avanzando poco a poco hacia el estilo clásico que terminaría definiendo a Peanuts. Los personajes conservan parte de las características de los primeros años, pero cada vez resulta más fácil reconocer en ellos a las versiones que protagonizarían algunas de las tiras más memorables de la historia del cómic.
Más allá de las bromas y las situaciones cotidianas, este volumen destaca por mostrar a unos personajes que empiezan a encontrar su voz definitiva. Schulz continúa perfeccionando las dinámicas entre ellos mientras mantiene intacto ese humor sencillo y universal que convirtió a Peanuts en una obra atemporal. Y aunque Lucy crezca, aprenda a leer y gane confianza, hay algo que permanece inalterable: Charlie Brown sigue siendo el receptor oficial de todas las desgracias que el universo tiene disponibles.

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