Si los volúmenes anteriores servían para ver cómo los personajes de Peanuts iban encontrando poco a poco su personalidad definitiva, el recopilatorio de 1954 tiene un acontecimiento que destaca por encima de todos: la llegada de Pig-Pen, o Pocilga, como fue bautizado en España.
Para muchos lectores es uno de los personajes más entrañables de toda la serie. Su eterna nube de suciedad y su absoluta despreocupación por la higiene lo convierten en una fuente constante de humor, aunque resulta curioso saber que Charles M. Schulz nunca estuvo completamente cómodo con él. El autor llegó a arrepentirse de su creación porque pensaba que podía transmitir un mal ejemplo a los niños, al presentar con tanta naturalidad ese espíritu despreocupado y rebelde frente a las normas de limpieza.

Más allá de la incorporación de Pocilga, este volumen también permite apreciar una evolución muy evidente en el apartado gráfico. Los personajes ya empiezan a parecerse mucho más a las versiones clásicas que todos conocemos. Las proporciones se estilizan, desaparece parte de ese aspecto tan infantil de los primeros años y las tiras adquieren una identidad visual mucho más definida.
Snoopy también continúa evolucionando. Todavía no es el filósofo, escritor, piloto y soñador profesional que llegará a ser con el paso de las décadas, pero ya empieza a mostrar rasgos que anticipan esa transformación. Además, su diseño se acerca cada vez más al beagle rechoncho y expresivo que acabaría convirtiéndose en uno de los personajes más populares del cómic.
Por supuesto, Charlie Brown sigue acumulando desgracias con una regularidad casi científica. En estas tiras comienza una de las rivalidades más famosas de toda la serie: su lucha contra las cometas. Una batalla que, como sabrán los lectores veteranos, nunca estuvo precisamente equilibrada. Ver a Charlie Brown fracasar una y otra vez resulta tan injusto como divertido.

Lucy también disfruta de bastante protagonismo, especialmente en varias historias dominicales a color donde demuestra unas sorprendentes habilidades para el golf. Como ocurre con otros personajes, Schulz sigue desarrollando facetas de su personalidad que terminarán convirtiéndose en rasgos característicos.
Entre las curiosidades del volumen destaca la aparición de Charlotte Braun, una niña gritona, malhumorada y bastante difícil de ignorar que protagoniza un breve cameo. El propio personaje se encarga de aclarar que no tiene ninguna relación familiar con Charlie Brown, algo que probablemente agradeció el pobre Charlie después de conocerla.
Mientras tanto, Linus continúa ocupando el papel del pequeño de la pandilla. A pesar de ser tratado como un bebé por muchos de los demás personajes, ya deja entrever esa inteligencia y madurez impropias de su edad que acabarán convirtiéndolo en una de las voces más sensatas de Peanuts.
Este cuarto volumen es especialmente interesante porque marca un punto de transición muy claro. Los personajes empiezan a parecerse física y emocionalmente a quienes serán durante las décadas siguientes, mientras Schulz sigue ampliando una pandilla que ya comenzaba a demostrar que tenía mucho más recorrido del que nadie podía imaginar. Y sí, entre todos esos cambios, Charlie Brown sigue sin conseguir que una cometa haga lo que se supone que debe hacer una cometa.

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